martes, 18 de junio de 2013


EL PASAJERO DETRÁS DEL CONDUCTOR

Hablando por teléfono, leyendo Mario Vargas Llosa o algún diario de 50 céntimos  o simplemente observando el opaco cielo gris de Lima, el pasajero detrás del conductor del bus El Metropolitano entretiene su travesía. Son las 7:10 de la mañana en la estación Matellini en Chorrillos. Estoy sentada en el mismo lugar de siempre, con las mismas ganas de dormir un poco más y observando una vez más al pasajero detrás del conductor.
Suena ilógico decir que de cada 4000 personas que utilizan a diario El Metropolitano  solo una hace lo mismo todos los días y justamente esa persona es el pasajero detrás del conductor. Tip, tip, tip es la alerta para subir al bus, el pasajero al que llamaré Singular, siempre espera ser el primero en la cola para ubicarse en su asiento favorito. Él no empuja ni corre solo toma la mochila de su espalda y la pone encima de sus piernas acomodándose plácidamente para un caliente y agitado viaje.
Singular también observa, se da un tiempo para contemplar su entorno y mueve la cabeza. Abre su mochila negra y saca El Sueño del Celta igual que lo hizo el lunes y el miércoles. Quizás los días impares son perfectos para leer durante la semana o quizás no. Mientras tanto todo a su alrededor le es indiferente, las ancianas ansiosas por un asiento reservado, los típicos  ejecutivos uniformados para un aburrido día, las peleas por subir al bus lleno, los universitarios con rostro de sueño y el típico llanto de los bebes. Nada lo inmuta, todo le parece irrelevante.
Dos estaciones antes de llegar  a su paradero, España, saca una pequeña libreta de su casaca y empieza a escribir como anotando lo que huele, siente y escucha. Mira al conductor y le habla en silencio como sugiriéndole un poco de atención o agradeciendo el viaje. El pasajero detrás del conductor es “singular” para el chofer y para todos.
Los días pares suele leer algún diario por 20 minutos para luego simplemente observar la triste vía expresa. Sus parpados a veces caen de improviso y lo sorprenden con la fabulosa oscuridad del sueño u otras como hoy sus ojos se llenan de lágrimas, entonces pienso, pienso y pienso y me digo y me preguntó, ¿Qué le  pudo haber pasado?¿Qué lo puso así?. Y las respuestas llegan como lluvia, su madre está enferma, su novia lo engaño, tiene una terrible deuda, nadie lo comprende, ¿qué?
Ya solo queda una estación para llegar y lo de siempre. Se despide del conductor, toma su mochila y la vuelve a colocar en sus hombros, se persigna y me pide permiso para bajar. Y la duda sigue en el aire con la misma rutina de todos los días, sin embargo sé que es artista porque crea su peculiaridad en el transcurrir aburrido del día.
 Al final sé que mañana hará lo mismo y que siempre será el pasajero detrás del conductor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario